Hoy me gustaría hablar de Noel García y Javier Torres “Bombita”, dos jóvenes novilleros sin picadores, muy nuevos y frescos, con apenas unas pocas apariciones, pero que sinceramente me han hecho ilusionarme e interesarme. Dos estilos contrarios, muy diferentes entre sí, pero ambos tan sinceros y toreros que resulta un verdadero gusto verlos.
Además, ambos proceden de familias taurinas con un peso importante en la historia del toreo. Noel es hijo de Victoriano García, reconocido picador, y nieto de Legionario, una auténtica leyenda que formó parte de cuadrillas tan relevantes como las de José Tomás o Julio Robles, entre otros. Por su parte, Javier Torres “Bombita” es tataranieto de Manuel Torres Bombita, perteneciente a la histórica dinastía taurina de los Bombita, lo que ya de por sí otorga un aire de tradición y responsabilidad a su nombre.
Noel García, procedente de Salamanca, refleja en su manera de torear ese aire castellano: firmeza, temple y entrega. Por su parte, “Bombita”, salido de la escuela taurina de Ubrique, es un caso aparte: su concepto nos transporta a épocas pasadas, con un toreo añejo, antiguo, simplemente único y tremendamente llamativo. Además, cuenta con una personalidad que atrapa: siempre con una sonrisa en el rostro, se muestra cercano y auténtico.
Tuve la suerte de verles en la semifinal del certamen de novilladas sin picadores de Andalucía y, sin duda, no solo me hicieron sentir cosas a mí, sino que también lograron emocionar al resto del público. Especialmente la faena de Bombita, que levantó pasiones en los tendidos. En el caso de Noel, la gente se mostró algo más fría, y para mí resultó injusto que se quedara fuera de la final. Dejó detalles de torero importante y un concepto especial que merece más reconocimiento. Noel ha declarado que su espejo es Juan Ortega, y sin duda el temple lo tiene.
Desde esta temporada intentaré seguir muy de cerca su evolución, porque me parecen dos novilleros interesantísimos. Ellos, además, me han hecho reflexionar sobre la importancia de las novilladas sin picadores: allí es donde todos los aspirantes comienzan, donde buscan su primera oportunidad y donde la mayoría se entrega al máximo, provocando grandes duelos y una competición sana. Por supuesto, hay errores propios de la juventud, pero aun así me parece fundamental prestarles atención y no dejarles de lado: ellos son el futuro de la Fiesta.
Y si tuviera que apostar por nombres llamados a ser toreros del mañana, no dudaría en hacerlo por Noel y Javier. Me hicieron salir de la rutina y volver a ilusionarme con el toreo.