4ª Novillada del XXV Alfarero de Oro. Tarde que levantaba expectación por la llegada de Javier Zulueta, un novillero que tomará próximamente la alternativa a escasas tres semanas en la feria de San Miguel a manos del Maestro Morante de la Puebla, y también por el encierro de Conde de Mayalde, una ganadería que en novilladas da bastante buen nivel y siempre nos regala un animal de bandera, hoy hubo la esperanza de que ese animal fuese Chorlito, un nombre reconocido en la ganadería y con prestigio, y siendo un buen novillo fue superado por el bravo Enarbolado. Pero lo más importante de la tarde lo hizo Tomás Bastos.
Se fue a porta gayola Gonzalo Capdevila para recibir al primero de la tarde, un novillo con mucho trapío que imponía ya de salida. Le pegó buenos lances y, en el caballo, el novillo recibió malos puyazos. Hubo un buen quite de Javier Zulueta por delantales, replicado por Capdevila con chicuelinas de clase. Empezó de rodillas Gonzalo, pero el novillo no terminó de entregarse ni transmitió nada al tendido: pasaba dormido y cabeceando al final del muletazo. Aun así, Capdevila lo toreó suave y muy limpiamente, siempre por encima de un oponente noble y simplón que no decía nada.
Volvió a porta gayola Gonzalo Capdevila y, al intentar darle varios lances más de rodillas, fue arrollado por el novillo, que se lo llevó por delante. Trasladado rápidamente a la enfermería, parecía que Zulueta se haría cargo del animal, pero Gonzalo regresó al ruedo para lidiarlo. Se lo pasó muy cerca el del Puerto de Santa María, dejando algunas series de mérito. Honor y raza torera la de Gonzalo. El novillo tuvo calidad, aunque sin ser gran cosa.
El segundo de la tarde, bien presentado, correspondió a Javier Zulueta, que lo recibió por verónicas de mucho temple y calidad. Derribó al caballo en la primera vara y en la segunda empujó con ganas, pero el picador lo castigó en exceso. Hubo un buen quite de Tomás Bastos. Zulueta brindó la faena a sus compañeros Bruni Aloi y Sergio Rollón, heridos de gravedad. El novillo acusó el castigo en varas y se vino abajo en la muleta; quizá tuvo mejores condiciones que el primero, pero no llegaron a verse. Zulueta toreó despegado, dejando detalles que no conectaron con el público.
El quinto, muy bien presentado y con hechuras de toro, lo recibió Zulueta con verónicas. Fue nuevamente castigado en exceso en el caballo, como también ocurrió con el primero de su lote. Bastos firmó un quite con gusto y Zulueta brindó al respetable. Ante un novillo soso y deslucido que se limitaba a pasar por la muleta, el sevillano dejó su sello personal. Estocada contraria y el animal rodó sin puntilla.
Al tercero lo recibió Bastos con verónicas de distinción. Se vivió quizá el mejor puyazo de la feria y un bonito duelo de quites entre Capdevila y Bastos por verónicas de mucha finura. En la muleta, el novillo se quedaba corto pero con ganas de embestir. Bastos tiró de oficio y técnica, a pesar de su juventud, y dejó varios naturales excelsos y elegantes, toreando con pureza, bordando el toreo y sosteniendo a un animal que quería pero no podía.
El sexto tampoco dijo mucho de salida y Bastos apenas pudo lucirlo con el capote. Lo dejó largo en el primer encuentro con el caballo y acudió al galope con brío. Después dejó un quite por delantales y volvió a colocarlo a buena distancia: de nuevo acudió con ganas y recibió un buen puyazo. Ovación al picador José María González. La afición pidió un tercer puyazo que, en mi opinión, habría sido excesivo y podría haber mermado al novillo. Brindó Bastos al público y comenzó con la muleta de rodillas, con torería y temple. Toreó con enorme limpieza, dándole siempre distancia a un novillo que acudía alegre y al galope. Novillero y novillo se encontraron: Bastos supo darle su tiempo, su distancia y entendió perfectamente lo que tenía que hacerle. Faena sensacional, rotunda, concluida con gran torería. La estocada fue un feo bajonazo, pero no empaña una de las mejores faenas de la feria.
En resumen, se lidió una novillada muy bien presentada de Conde de Mayalde: la mayoría con trapío para plazas de segunda e incluso alguna de primera. Sin embargo, el juego no acompañó a la apariencia. Todos fueron nobles, sin maldad, pero con poca transmisión; alguno pasó totalmente dormido en la muleta, a excepción del grandioso sexto, Enarbolado, un novillo bravo que se vino a más durante la lidia. Es cierto que no tuvo gran duración en la muleta, pero sus embestidas fueron de gran clase, y su pelea en varas, de bravo. A mí me gustó mucho. El resto, sosos en general. El lote de Zulueta estuvo muy castigado en varas —¿por qué sería?— y me hubiese gustado verlo en mejores condiciones, más aún ante la clase y elegancia que atesora el sevillano.
En cuanto a la terna:
Gonzalo Capdevila demostró valor, quizá algo empujado por obligación, pero lo hizo y sin fingir. No dijo gran cosa en ninguno de sus novillos, pero toreó con suavidad y firmeza.
Javier Zulueta, en su primero, aun dejando detalles, no me gustó: toreó despegado y fuera de sitio; en su segundo estuvo algo mejor, pero sin convencer.
Y para mí, el triunfador de la feria, pase lo que pase, fue Tomás Bastos: toreó como los ángeles. Pocas faenas he visto esta temporada tan buenas como las dos que hizo hoy. Mostró oficio, técnica y mucho arte. Lo suyo fue una auténtica obra de arte, maravillosa.
Reseña del festejo:
Plaza de toros de Villaseca de la Sagra (Toledo).
4ª novillada del XXV Alfarero de Oro.
Seis novillos de Conde de Mayalde para:
Gonzalo Capdevila: silencio y oreja.
Javier Zulueta: silencio y silencio.
Tomás Bastos: oreja y vuelta.