El sábado 6 de septiembre abandonamos Villaseca por un día para acudir al precioso coso de Aranjuez, esperando que, por lo menos, se igualase la gran tarde vivida el día 1 de junio, donde disfrutamos de algunos de los mejores momentos de la temporada. En esta ocasión, además, el cartel estaba más rematado gracias al cambio de Manzanares por Pablo Aguado. Con esa ilusión acudíamos a la plaza, convencidos de que íbamos a ver una gran tarde que, finalmente, no se consiguió por el mal juego y el escaso interés del encierro de Juan Manuel Criado. Tan pobre fue el ganado que tuvieron que salir dos sobreros, en tercer y cuarto lugar: el primero de Núñez del Cuvillo y el segundo de David Ribeiro Telles.
La tarde comenzó con Morante, que lidió un animal sin fuerzas ni transmisión. Aun así, el de la Puebla dejó dos muletazos eternos, sacando lo poco que el toro tenía dentro. Fue una faena con calidad, pero nos supo a poco. Lo positivo es que se le vio igual de entregado y ajustado que antes de la cornada de Pontevedra. Recibió una oreja.
Siguió Juan Ortega con otro toro descastado y sin clase. El sevillano dejó más detalles que Morante, ya que el animal se dejó un poco más, pero la faena fue algo desordenada y no terminó de cuajar. Ovación para él.
En tercer turno llegó Pablo Aguado y, con él, la evidencia del pobre nivel del encierro. El toro que le correspondía fue protestado desde salida por su falta de movimiento, y acabó siendo devuelto. En su lugar salió el primer sobrero, de Núñez del Cuvillo, mejor presentado pero de igual juego: pasaba cabeceando al final del muletazo y sin transmisión. Aguado, sin embargo, estuvo asentado y con las ideas claras, montó una buena faena y dejó un buen sabor de boca. Muy torero, consiguió llevarse la segunda oreja de la tarde.
El cuarto mantuvo la línea de sus hermanos: aún con menos fuerza, cayéndose varias veces y muy protestado por el público. El presidente acabó ordenando su devolución. Pero lo peor vino después: el toro tardó más de media hora en abandonar el ruedo. No quería ver los toriles por ningún lado y no obedecía a los cabestros. El cabestrero de la plaza, además, estuvo muy desafortunado en su labor. Tan mal lo hizo que incluso Morante tuvo que hacerse cargo de pastorear a los animales. Como no hubo manera de encerrarlo, al acercarse a un burladero se le dio muerte con la puntilla. Un espectáculo bochornoso que cansó a gran parte del público. Finalmente salió el sobrero, feo y de malas hechuras, que tampoco gustó a Morante de salida. Su juego confirmó lo que parecía: tampoco servía. El maestro lo probó con una tanda y se fue por la espada. Buena estocada y aplausos para el genio de La Puebla, que hizo lo que tenía que hacer con su lote, siempre con buenas maneras.
Ya sin sobreros, había que lidiar lo que quedase. El quinto correspondió a Juan Ortega, otro toro adormilado y sin transmisión. Juan lo intentó y volvió a sonar “Caridad del Guadalquivir”, como el 1 de junio, pero esta vez no tuvo la misma emoción. Aunque dejó buenos momentos, no dio la sensación de haber sacado todo al animal, cierto es que el toro tampoco tenía demasiado dentro. Dos orejas y puerta grande para él, a mi juicio excesivas y seguramente empujadas por la música.
Para cerrar la larga tarde, actuó de nuevo Pablo Aguado, lo mejor del festejo en conjunto con sus dos actuaciones. Estuvo asentado, con ideas claras, entendiendo a su lote y toreando con gran torería. Dejó tandas de buen gusto y se llevó dos orejas que le abrían la puerta grande. Fue, sin duda, el triunfador de la tarde.
Salimos de la plaza con mala sensación, sabiendo que se podía haber visto mucho más. Ante uno de los carteles más atractivos de la temporada, no vimos más que destellos en un desierto.
En resumen: la tarde nos dejó los mejores muletazos de Morante, dos de una clase excepcional y belleza extraordinaria; un Juan Ortega fiel a su estilo pero sin cuajar a su lote; y un Pablo Aguado que estuvo muy torero, transmitiendo el gran momento que atraviesa.
Lo peor: el encierro. Malo como pocas veces. Ni un solo toro tuvo clase ni fuerza. Ya no pido que sean encastados, pero al menos que pasen de buenas maneras por la muleta. No fue así: un encierro lamentable. Y perdón por la dureza, pero sacar ese ganado es una falta de respeto al toro y a la fiesta. Muy mal la ganadería.