El desafío fue desigual, pero en Gerpe y en los Pablo Romero se sostuvo la esperanza.
El segundo de los desafíos ganaderos del mes de septiembre levantaba cierto interés, quizá no por el cartel más atractivo ni por los nombres de los toreros, sino por las ganaderías que se anunciaban en él. Partido de Resina, los antiguos Pablo Romero, y Monteviejo, de encaste Vega-Villar, que volvían a Las Ventas tras veinte años de ausencia. Solo con ver las imágenes que circulaban en redes sociales, majestuosas y llenas de trapío, ya apetecía acudir a la plaza para contemplarlos en directo. En el cartel figuraban Serafín Marín, que llevaba dos años sin hacer el paseíllo en Madrid desde que lo hiciese en una corrida concurso; el mexicano Juan Pablo Sánchez, quizá el menos conocido de los tres y ausente de la plaza desde 2013; y cerraba la terna Luis Gerpe, torero toledano de Seseña, el más habitual en el ruedo venteño.
Abrió plaza un toro de Monteviejo, de imponente presencia, que en el recibo capotero hirió a Serafín Marín, trasladado de inmediato a la enfermería. Juan Pablo Sánchez se hizo cargo de la lidia, intentando justificarse con un toro que nunca dio confianza, siempre reponiendo y volviendo la cara con rapidez en busca del torero. El mexicano optó por abreviar, dejó una buena estocada, aunque necesitó del descabello. Estuvo digno.
Se corrió turno y, en segundo lugar, apareció un soberbio toro de Partido de Resina, de preciosa estampa, bien armado y musculado. Luis Gerpe lo recibió con el capote, donde el toro metió la cara con nobleza, aunque distraído y costoso de llevar al caballo. En la muleta la faena fue de menos a más, y Gerpe, cada vez más asentado y confiado, logró una última tanda de derechazos con mucho gusto, torería y finura. La espada cayó delantera, lo que provocó abundante hemorragia bucal en el toro, pero aun así quedó una faena importante y meritoria.
El tercero, otro ejemplar serio y bien presentado de Partido de Resina, embistió con nobleza al capote, aunque con muy poco recorrido. Juan Pablo Sánchez lo llevó a los medios y con la muleta estuvo por encima de él, toreando con firmeza y temple. Sin embargo, el toro, pese a su clase, resultó deslucido y sin transmisión al tendido. El mexicano tuvo que recurrir otra vez al descabello.
El cuarto fue quizá el más espectacular de los tres de Partido de Resina. Más musculado, más serio de cara y aún mejor armado, era una auténtica pintura de toro. En la capa de Gerpe se dejó ver pronto, y con la muleta el toledano volvió a dejar muy buenas sensaciones. Entendió bien a su oponente, dándole tiempos y ligando muletazos en redondo con poso y torería. Tapó algunas carencias del toro, pero no llegó a dominarlo ni a exprimirlo del todo. Con todo, fue otra faena de importancia, seria y con clase.
El quinto, de Monteviejo, cornicorto pero de imponente presencia, fue un toro imposible: sin entrega, sin celo y sin interés en lo que sucedía delante. Juan Pablo Sánchez apenas pudo justificarse, sin opciones reales de lucimiento. El tendido apenas se enteró.
El sexto cerró la tarde y confirmó lo que ya habían mostrado sus hermanos de Monteviejo: nulas opciones de triunfo. Sin codicia ni raza, no permitió a Luis Gerpe más que mostrarse firme y voluntarioso, cerrando así una actuación que, pese a este mal trago, dejó en general un grato sabor de boca.
En resumen, la tarde resultó interesante dentro de lo que cabe. Serafín Marín quedó fuera de combate tras su primer toro, y la corrida se convirtió en un mano a mano entre Juan Pablo Sánchez y Luis Gerpe. El mexicano, a pesar de su escasa actividad en los últimos años, se mostró digno y con oficio. ¿Podría haber hecho más? Quizá sí, pero ante toros tan deslucidos y exigentes poco margen quedaba; no se le puede reprochar nada. Luis Gerpe, en cambio, dejó muy buen sabor de boca: supo estar a la altura de los complicados toros de Partido de Resina, a los que extrajo muletazos de clase, temple y torería. Una actuación que invita a querer verlo más a menudo.
En cuanto al desafío, no cabe duda de que el triunfo fue para Partido de Resina. Sus tres toros tuvieron clase, nobleza y fondo, aunque faltos de algo más de raza y transmisión. Aun así, fueron ejemplares de gran interés y seriedad. Monteviejo, en cambio, no aportó nada positivo: sin raza, sin clase ni entrega, con la única salvedad del primero, por lo pronto y lo temperamental de su arranque. Una pena.
Eso sí, los seis toros, tanto de Partido de Resina como de Monteviejo, estuvieron muy bien presentados, de una seriedad impecable, auténticas estampas de toro bravo que justificaban por sí solas el viaje a la plaza. El viento, molesto durante toda la tarde, tampoco ayudó al lucimiento.
Reseña final:
Plaza de toros de Las Ventas. Entrada: 8.236 personas.
Desafío ganadero entre Partido de Resina (2º, 3º, 4º) y Monteviejo (1º, 5º, 6º).
Serafín Marín: herido.
Juan Pablo Sánchez: silencio, silencio y silencio.
Luis Gerpe: palmas, vuelta al ruedo y silencio.