Sólo un natural eterno de Morante justificó la entrada.
La tarde de hoy presentaba un “No hay billetes”, como el resto de la feria, pero se respiraba un aire distinto. Sevilla tenía un murmullo especial, una mística que anunciaba algo grande. En el cartel, la alternativa de Javier Zulueta, con Morante de la Puebla y Roca Rey como padrino y testigo, respectivamente. En chiqueros, un encierro de Núñez del Cuvillo, desprovisto de la seriedad y el trapío que exige una plaza de primera, como viene siendo la tónica esta temporada en la Maestranza. La expectación era máxima: las tertulias en los bares, los corrillos en la calle Adriano y el paseíllo de aficionados hacia la Puerta del Príncipe hablaban de una tarde marcada en rojo, de esas en las que Sevilla se ilusiona con que algo eterno pueda suceder.
El toro de la alternativa de Javier Zulueta fue un colorado grande, pero falto de la seriedad que Sevilla o cualquier plaza de primera categoría demanda. Zulueta lo recibió con dos chicuelinas de un aroma especial, seguidas de unas verónicas de buen trazo que cerró con una media de cartel. Lo llevó al caballo por chicuelinas al paso, levantando fuertes "olés", aunque el puyazo resultó nefasto, con rectificaciones constantes, emborronando la labor de Javier llevando el toro hacía el caballo. El segundo encuentro se podría decir que ni siquiera existió, se marcó el puyazo y se levantó la vara. Llegado el momento con mas expectación quizá de la feria, el de la alternativa, Morante le cedió la muleta y el estoque con Roca Rey de testigo. Zulueta brindó a su padre, el alguacilillo de la plaza sevillana, en un instante cargado de emoción. El inicio de faena, genuflexo, tuvo temple y finura, con la muleta baja y el toro embistiendo con clase. Pronto se vio que el pitón derecho era el más potable, dejando el sevillano una tanda estimable, aunque el animal acusaba la falta de fuerzas y no terminaba de romper hacia adelante. La faena, con sabor y pureza, no llegó a cuajar: faltó toro y faltó torero, que nunca terminó de acoplarse ni de encontrar sitio, Zulueta no entendió al toro que necesitaba más espacio y a parte lo toreó despegado, muchos de los muletazos no terminaron de decir, aun que si que hubo buenos momentos. La espada se le atragantó a Zulueta.
El primero de Morante fue un toro reservón y parado desde salida. El de La Puebla intentó meterlo en el capote, pero el animal, suelto y desentregado, embestía a cabezazos y metiéndose por dentro. La esperanza de toda la plaza estaba puesta en el tercio de varas, creyendo o intentando creer que el toro pudiese venirse arriba tras la pelea con el caballo, pero se diluyó pronto esa idea: en el primer puyazo se fue directo a los cuartos traseros, y en el segundo se dejó pegar sin más, y al salir de ambos encuentros se le vio peor incluso que antes de la pelea, más parado y con menos entrega. Un toro deslucido y sin opciones, al que Morante despachó con media estocada trasera y descabello.
El tercero salió con una cornada visible en la pata trasera izquierda. Increíble que en Sevilla, plaza de primera, pueda pasar algo así. Roca Rey lo llevó a los medios, pero tras un largo compás el presidente sacó el pañuelo verde. El sobrero, con 598 kilos, fue el de más peso del encierro aunque no lo aparentaba. El peruano trató de veroniquear, pero el toro le desarmó dos veces. En varas peleó con bravura, empujando abajo en dos puyazos bien medidos. En banderillas siguió entregándose, con un gran par final de Chacón que obligó a desmonterarse. En la muleta, Roca Rey inició en redondo, bajando la mano derecha, pero pronto llegaron los enganchones. Toreó aislado, sin ligar, y al natural lo hizo a media altura, sin clase. La faena, llena de posturas, desplantes y enganchones, careció de toreo. Falló reiteradamente con la espada, necesitando cuatro intentos. Fue un buen toro que se le fue de las manos, sin ideas ni entrega, con un estilo aburrido y fuera de sitio. Me hubiese gustado poder ver al toro en mejores manos.
El cuarto, para Morante, lo recibió de rodillas con tijerilla y chicuelinas arrebatadas que sorprendieron al público, por algo es el "genio", un inicio inesperado y que se sacó de la chistera. El toro, se arrancó con fuerza al caballo, donde Aurelio Cruz dejó un gran puyazo. Hubo una media verónica para pintarla y enmarcarla en el museo del prado, que cerró el tercio. En la muleta, Morante inició inspirado y arrebatado: un natural eterno, de los que ponen a la plaza en pie, justificó toda la tarde, y si la media era para enmarcar el natural no tiene palabras para describirlo, algo que solo un ser superior podría regalarnos, algo de otro mundo es ese natural. Desgraciadamente el toro se paró de golpe y no quiso más. El de La Puebla lo despachó con media estocada trasera y descabello.
El quinto, para Roca Rey, salió suelto y con querencia hacía toriles. Lo recibió con algún delantal, sin lucimiento. En la muleta, lo más destacado fue el inicio de rodillas, donde estuvo a punto de ser cogido, pero el toro, noble, no apretó. Sin raza ni entrega, la faena fue insustancial. Lo mató de una buena estocada.
El sexto, segundo de Zulueta ya como matador, no permitió lucimiento de capa. El toro, suelto y querencioso, fue directo al caballo que hacía puerta. Sin raza ni entrega, no ofreció posibilidades. Zulueta estuvo firme, con voluntad, pero sin opciones que llevarse a la boca.
En resumen: Javier Zulueta, al que no veía aún preparado para la alternativa, no me decepcionó, incluso sorprendió por momentos. Sin embargo, con su primer toro, quizá el mejor de la tarde en la muleta, no llegó a cuajarlo. Esa es una de sus constantes: se atisban cualidades, pero nunca termina de romper los toros. Su concepto es bueno, pero le falta entrega, y así es difícil. En su segundo no tuvo opciones y se mostró digno. Roca Rey, torero que no me gusta ni por su comportamiento ni por su concepto, en su primero, al verle iniciar la faena toreando en redondo, llegó a despertarme cierta atención, incluso me encendió una pequeña llama de esperanza en que pudiera mostrar algo distinto. Pero aquel toro bravo, se le fue sin haberlo aprovechado: lo toreó mal, sin ideas, con una labor plana, aburrida e insulsa. En el segundo de su lote recurrió a ponerse de rodillas, buscando un golpe de efecto que llamara la atención del público, pero la faena resultó aún más deslucida que la primera, marcada por la falta de toro y por la ausencia de contenido. Morante, con el peor lote, nada pudo hacer en el primero y dejó, eso sí, un natural eterno en el cuarto que ya vale la entrada, en ese natural se podría resumir la tarde entera. Núñez del Cuvillo lidió un encierro lamentable, sin trapío, sin raza y sin fondo. Dos temporadas ya en caída libre, sin asomar la calidad que un día tuvo. Todo lo que se esperaba de la tarde se convirtió en humo, diluyendo el interés y dejando al público frío.
Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.
28 de septiembre de 2025 – 3ª corrida de la Feria de San Miguel. Cartel de “No hay billetes”.
Toros de Núñez del Cuvillo, desiguales de presentación, en general mansos y descastados.
Morante de la Puebla: silencio y ovación.
Roca Rey: silencio y silencio.
Javier Zulueta (alternativa): ovación y silencio.