Hoy, el cartel había sido el primero en colgar el “No hay billetes” de toda la feria. Se presentaba un cartel que reunía a: Diego Urdiales, Roca Rey en su última comparecencia en San Isidro, y la confirmación de alternativa de Rafa Serna, torero sevillano que apenas había toreado un festival en todo el año anterior. Expectación máxima en los tendidos que tenían ambiente de acontecimiento…
La corrida de El Torero, muy bien presentada, ofreció ejemplares de buenas hechuras, serios, pero con un denominador común: falta de fuerza y mansedumbre galopante. Nobles, sí, pero sin alma ni fondo, salvo alguna excepción leve.
Abrió plaza un toro bien presentado de El Torero, con hechuras agradables y buenas intenciones de salida. Noble pero manso y completamente falto de fuerza. Se estiró con gusto a la verónica Rafael. En el caballo apenas se dejó ver; salió huyendo y en la muleta, aunque noble, se vino abajo rápidamente, perdiendo las manos con frecuencia.. Rafa Serna mostró serenidad, buenas maneras y compostura aunque no pudo ir más allá. Mató de una estocada trasera y algo desprendida.
En el sexto, salió a porta gayola con decisión, gesto que encendió la plaza —más de lo que ya estaba— Hubo empaque en las verónicas de saludo, tuvo gusto y clase. En el caballo, en varas, el toro protestó y soltó derrotes. La faena tuvo altibajos: por momentos acelerada, por otros bien trazada, aunque sin redondear, pero Rafa se mostró con actitud y se dejó ver muy firme y seguro. Sufrió un puntazo en la cara tras un derrote. Mató de nuevo de estocada desprendida. El palco concedió una oreja que cortó con firmeza y rotundidad.
El segundo fue otro toro serio y suelto, que salió abanto, sin fijeza y con evidentes carencias físicas. no se dejó picar. En la muleta, ni Urdiales ni el toro pudieron hilvanar nada. El toro no decía nada, pero tampoco Urdiales. Pinchazo y estocada. El toro tardó en echarse.
El cuarto, de preciosa lámina, hubo más temple de salida. hizo, lo saludó Urdiales con verónicas de trazo clásico. pelea algo más aceptable en el caballo, aunque mal ejecutada la suerte por el picador. Pero en la muleta, todo se vino abajo: toro parado, sin entrega, y un Urdiales que tampoco quiso apostar. Faena sin historia, sin alma, sin fondo. De esas que se olvidan al salir de la plaza. Urdiales pasó de puntillas, sin entrega ni convicción.
El tercero, bien presentado, fue el toro con más movilidad del encierro. Fue recibido por Roca Rey con delantales. En el caballo, apenas un simulacro mal hecho. El quite por verónicas lo firmó Rafa Serna. El peruano inició faena de rodillas con pases cambiados por la espalda, en un arranque efectista. Después, acelerado, despegado y fuera de sitio, con algún momento de mano baja pero sin profundidad. Mató bien. Hubo petición de oreja no concedida por el palco, y después un silencio sepulcral.
El quinto, toro de clase pero de fuerza justa, tuvo mayor lucimiento en el tramo final. En la muleta, Roca volvió a mostrar su versión más superficial durante buena parte de la faena, abusando de ventajas, aunque al final consiguió bajarle la mano y lograr muletazos ligados que conectaron con el tendido. Estuvo algo más lento, aunque igual de ventajista y con el repertorio habitual de poses. El toro, de buena clase, respondió algo al final. Estocada desprendida. Oreja fácil, coreada por sus incondicionales.
Valoración general
Un cartel que no cumplió.
Diego Urdiales, parece haber perdido el pulso a la profesión. No es sólo cosa de hoy: su actitud denota falta de hambre, y su toreo ha perdido el alma que le hacía diferente. Con un lote deslucido, ni quiso ni pudo. Roca Rey… volvió a firmar una actuación superficial, marcada por el efectismo, los desplantes y el guiño constante al tendido fácil. Ha hecho del toreo un producto de consumo rápido. Y lo peor no es eso: lo peor es que parece reírse del público que aún quiere ver torear de verdad. Y Rafa Serna, ha tenido una digna confirmación, tras más de un año sin vestirse de luces —sólo toreó un festival en 2024—. Con apenas rodaje, ha mostrado actitud, templanza y firmeza, unas formas que merecen más oportunidades. Oreja con peso.
El Torero trajo una corrida muy seria, sí, el encierro estuvo muy bien presentado, con toros serios y con cuajo, pero absolutamente desfondada, fue una corrida sin raza, sin fuerzas y con mucha mansedumbre. Nobles, sí, pero aburridos. Alguno se dejó por momentos, pero siempre con un aire cansino, sin alma. La emoción, ausente.
Mención especial para el palco presidencial. Ayer negó la oreja a Morante pese a una gran faena, aduciendo el uso del descabello. Hoy, en cambio, ha concedido dos orejas tras estocadas desprendidas y faenas inferiores. ¿En qué quedamos? ¿qué criterio seguimos? O siempre, o nunca. Pero no se puede jugar a dos barajas. La incoherencia solo genera malestar y resta categoría a la plaza. Qué muchos aficionados era a lo que hacían alusión ayer, que le concedían la oreja se rebajaba el nivel de la plaza y creo que hoy se ha rebajado bastante más que si se hubiera dado ayer.
Roca Rey se está riendo del aficionado. No del que aplaude por sistema, sino del que exige. Pero prefiere el populismo fácil, los desplantes huecos y el jaleo de sus hooligans. Torear, lo que se dice torear, es otra cosa. molesta ver cómo se ríe de la afición, Si un decide torear con verdad, seré el primero en levantarme. Pero mientras se burle de la seriedad de esta plaza, también seré el primero en decirlo
Reseña final:
Diego Urdiales: Silencio y Silencio
Roca Rey: Silencio tras petición y Oreja
Rafa Serna (confirmación de alternativa): Silencio y Oreja